La agricultura renace: Las transformaciones del siglo XVIII y las mejores masias.

Después de la mejora a finales del s. XV y comienzo del s. XVI, Cataluña entra en un nuevo periodo de decadencia que abastará parte de este siglo y todo el siguiente. Pero bien entrado el s.XVIII el panorama cambiará radicalmente y se producirá un retomamiento demográfico y grandes trasformaciones en el campo. La agricultura renace y esto afecta la manera muy directa el Penedés. La buena marcha recibirá un empujón decisivo con la autorización del comercio con América (1767) que estimulará la producción agrícola y una manera muy especial el conreo de la niña y la exportación del vino que ha marcado decisivamente el futuro de la comarca hasta nuestros días.
Este es el momento de la consolidación y ampliación de las masias. Los grandes propietarios rurales los convierten en un importantisimo centro de vida y de producción i, como es de preveer, las de más embergadura se encuentran en terrenos mejores y más planos. Muchas de ellas están aun hoy activas, algunas nos han prevenido tal como eran, mientras que otras fuerón transformadas más adelante en el momento de máxima properidad (finales s.XIX). Quien quiera entender la história del Penedés hará bien en recorrer el territorio y fijarse en las proporciones de Can Morgades de Castellví, can Lleó a Sant Martí o la Senabra a los Monjos, todas ellas con dependéncias anexas, incluso la iglesia. O pararse delante las bellas proporciones de Can Casesblanques de Avinyonet, can Sadurní a Olérdola, can Martí de Baix a Gelida, la Bardera y can Ros a Subirats, la Passada a Sant Quintí, can Cassanyes a Castellet o can Montsarra a Torrelles. O extasiarse delanta la exuberáncia de la masia Porroig, a Olérdola, Con las dos imponentes galerias de arcadas, o delanta del Mas de Porroig, un edificio perfecto que por su situación aislada conserva aun la estructura de cortijo fortificado con cuatro torretas angulares de defensa.

Ligado con estas mejoras generales se producen otros fenómenos como en nacimiento de “calles” es ha decir núcleos vinculados en principio a una masia donde habitan la gente que trabajan allí: es el caso de cal Pau Xic o cal Rovira a Subirats, las Cases Noves y las Casetes de Raspall a Font-rubí o can Catassús a Sant Sadurní.
La insistencia en prosperidad que afecta al poblamiento disperso, no quiere decir que no tenga su correlato en los núcleos urbanos. Hay edificios imponentes como cal Terra a Gelida, ca la Senyora a Pontons o ca l’Arnan a Riudebitlles. Uno de los síntomas es el arreglo y ampliación de los templos parroquiales que en muchos casos se superponen a los antiguos edificios medievales como el Pla, Riudebitlles, la Granada, i en otros son construidos de nueva planta como Font-rubí, Sant Cugat, Olesa de Bonesvalls o el grandioso templo de Torrelles de Foix. En la capital, Vilafranca, es de la época el gran casal de la plaza Milá; los marqueses de Alfarras construyeron su nuevo palacio (hoy colegio de Sant Ramon) y se edifica la capella de las Dolores un modesto pero significativo edificio neoclásico.


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