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Pasado Martorell, la autopista y el ferrocarril que van de Barcelona a
Tarragona giran a poniente i poco después se produce un cambio de paisage claramente perceptible: entramos en una extensa plana, perfectamente delimitada entre dos ileras de montañas, más cerca y bajas de las que nos quedan a la izquierda (sierra d’Ordal i Garraf), más lejos i altas las de la derecha (sierra Prelitoral);
la plana aún está dominada por los cultivos, especialmente de viña, que destacan omnipresente.
Si venimos del Sud, al llegar a los alrededores del Vendrell, tenemos la misma percepción, que aún resulta más escenogràfico por lo espectacular talón de fondo que pone la inconfundible silueta de Montserrat. Estamos, no hace falta decirlo, en el Penedés. Este paisaje placido goza de un clima mediterráneo suave, con los rigores veraniegos moderados por la llegada de la brisa del mar, y con lluvias no muy abundantes que cae más por la primavera y especialmente en el otoño, preocupando a la gente que en esas fechas hace la barema.
Las montañas del Prelitoral forman alineaciones alargadas y de formas suaves: son las sierras de Mediona, Font-rubí, Torrelles y Pontons. Por detrás de él sobresale la de Ancosta, que frota los mil metros, mientras que por delante contrafuertes paralelos de menor altura limitan la plana. Por el lado del Ordal destacan el Montcau y el pico de Agulles de poco más de seis cientos metros y, más al sud, los últimos contrafuertes del Garraf, con el pico del Aliga mirando por encima de las antiquísimas restas de Olèrdola.
Por lo que se acaba de explicar, el Pendés ha estado relativamente poco poblado si se compara con la bien cerca aglomeración barcelonina i las comarcas de su entorno. No obstante ahora el crecimiento es notable hasta acercarse el dieciséis por ciento de sus últimos años. La capital del Alt Penedés, Vilafranca, con más de treinta mil habitantes, concentra dos quintas partes del total de la comarca; el segundo municipio es Sant Sadurní, con diez mil i a continuación viene los Monjos y Gelida cerca de los cinco mil. La mayoría de los municipios tienen entre ocho cientos i dos mil habitantes. Es remarcable la gran cantidad de población dispersa: las masias, rodeadas de viñedos, constituyen uno de los atractivos visuales de la comarca, conjuntamente con las pequeñas masas forestales a las ondulaciones de la plana, la pineda que predomina a las áreas montañosas y algunas extensiones de vegetación de ribera siguiendo las rieras y torrentes.
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