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Gastronomia:
La comarca del Alt Penedés y, por extensión, todo el Penedés histórico no marítimo tiene sus raíces gastronómicas en las costumbres y formas de vida rurales que han llegado hasta casi nuestros días. La vida de payés tenía como a base el cereal, la viña, la olivera y el corral. Pero mientras que los tres primeros elementos eran los fundamentales de una economía de subsistencia, para el consumo propio, aves y animales de corral, habitualmente en manos de las mujeres en la estructura familiar de vida rural, era el que se llevaba a vender en el mercado de Vilafranca por tal de poder adquirir vetas y hilos, pero también bacalao, congrio o arengadas.
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Esta actividad mercantil centenaria, que tenia como eje principal el mercado del sábado de Vilafranca, acabara marcando la imagen del Penedés como a corral de la capital barcelonina. El de Vilafranca era también el mercado de ajos, el primer de Cataluña durante décadas en este producto, y en el curso del ciclo anual también tenia protagonismo la Feria del Congrio en iniciarse la Cuaresma y especialmente las ferias de ave de corral en llegar las vigilias de la Fiesta Mayor y la de las díadas navideñas, en el espacio de la Feria de Sant Tomás o de la Feria del Gallo, ahora ampliamente reconocida.
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Es así que la geografía urbana vilafranquina contaba con diversas referencias de productos, como “ la plaça de l’Oli”, el Firal o “la plaça dels Porcs” (ahora Milá y Fontanals), la plaza de Sant Joan, popularmente plaza de la Verdura, i la plaza “del Blat” (ahora de la Constitución), popularmente plaza “de l’Aviram”.
De todos estos espacios y formas de vida, nos faltan algunos referentes específicos a la gastronomía actual. Es el caso del “Xató”, un plato de jiras, por ir a comer con todo el grupo en un día libre, seguramente de condimento más picante que no lo que ahora se elabora. Según el folklorista Joan Amades era un plato de verano, todo y que también estaba documentado en la vilafranquina fonda de Cal Vicenç como a plato de invierno. De otro lado, también eran famosas las “xatonadas” de “Ca l’Abadal” a Santa Margarida y los Monjos, siempre bien arraladas a la tradición campesina, muy antes que este plato cogiera popularidad en el espacio marinero de Sitges, Vilanova y la Geltrú o el Vendrell.
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Otro de los referentes específicos del entorno de la cultura del maíz y de la huerta son las cocas de “recapte”, adobadas con productos de la huerta y con el añadido de algún complemento de carne o de pesca salada. Hay que tener en cuenta que en el Alt Penedés tiene una huerta rica, relacionada con toda una cultura del agua, de pozos y de sinias, pero también la de las fuentes en sitios como a Sant Quintí, Gelida, la Bleda (Sant Martí Sarroca), Castellví de la Marca, Torrelles de Foix o Pontons. De esta huerta, no podemos olvidar todo un conjunto de verduras, algunas con presencia significativa también en la gastronomía como es el caso de “calçots”, en el Alt Penedés conocidos como a “ceballots”.
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Del corral penedesco, hay que comentar el conejo, que Sabaté Mill consideraba un plato específicamente de esta comarca; muslo y espalda asados para los días de fiesta, mientras el resto iba con arroz. También el mismo historiador consideraba específicamente del Penedés la butifarra con judías, que con diferentes nombres puede corresponder a la longaniza o fríjoles de otros sitios. Uno de los aspectos más curiosos de este ámbito era el nombrado “moltó tarragoní” que estudió el profesor Emilio Giralt y Raventós. De una estructura corporal más grande que los actuales corderos que se consumen a los restaurantes de la comarca, de raza ripollesa o montañesa, el “moltó” daba prestigio a los remados de Sant Sadurní de Anoia y se valoraba especialmente por su carne sabrosa.
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Al lado de estos animales, se ha mantenido el papel hegemónico del gallo de raza penedesenca de carne tan suculenta, los valorados huevos rubios de las gallinas de la misma raza, y el reconocido “ànec mut” del Penedés, piezas todas de valor gastronómico especifico en platos típicos que van desde los asados de estos animales de corral hasta los macarrones con bacalao y otros variantes de este pescado en la Cuaresma, la escudilla de congrio, o los arroces caldorosos, a la cazuela, mayoritariamente acompañados de conejo o también de bacalao.
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No podemos olvidar tampoco la repostería tradicional, comenzando por las cocas dulces de Vilafranca, los gelidences de Gelida, las cocas de las viudas o “els Noiets” de Sant Sadurní y los “Carquinyolis” de Sant Quintí o de Torrelles de Foix, y de otras especialidades acreditadas para diversas pastelería, a mas de las propuestas específicas de los maestros chocolateros de la comarca.
Esta gastronomía tradicional ha perdurado en las mesas de fiesta y el conjunto de buenos restaurantes que caracterizan el Alt Penedés de nuestro tiempo y que en la mayoría de casos intentan mantener la gran calidad de esta cocina tradicional sin dejar de adecuarla a los usos gastronomicos de nuestro tiempo, y aun con las innovaciones de la cocina de autor.
Hoy la gastronomía cuenta con el valor añadido de la calidad de los vinos y cavas del Penedés, blancos, rosados o negros de acuerdo con las variantes tradicionales de uva, pero también con las aportaciones de nuevas cepas foráneos muchos de los cuales están demostrando una magnífica adaptación a la tierra y al clima del Penedés.
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