El Románico: Rastros de la antigüedad. El románico o la Cataluña naciente

Del patrimonio construido más antiguo que se conserva en el país, el Penedés tiene una muestra excepcional: el conjunto monumental de Olérdola, una antigua ciutadella ibérica, que después fue romana y también medieval, tal como testimonian los diferentes pisos sobrepuestos de la muralla. Restos de habitaje, silos, cisternas, tumbas, un trozo de iglesia muzárabe y una de románica complementan el recinto. Su situación, arriba de un serrado que domina en el Penedés i se abre hacia el mar, lo acaba de hacer atractivo, así como la excelente organización del lugar. Visitando, pasamos de la antigüedad a la edad media sin darnos cuenta, un poco como a síntoma del que ocurre al conjunto de la comarca: todo i la dominación i el paso de la Vía Augusta, de vestigios romanos no han prevenido muchos, y el patrimonio arqueológico del pasado que comienza a ser importante es el medieval, concretamente el románico.


Monasterio de Sant Sebastià
dels Gorgs



Este arte lo identifica, con razón, con el nacimiento de Cataluña, y su momento máximo de esplendor son los siglos XI i XII, cuando la Cataluña vieja ya estaba formada y pacificada, mientras que el Penedés era tierra de frontera, acosada de inestabilidad. Por esto aquí no encontramos grandes construcciones como Cuixà, Ripoll, la Seu d’Urgell, Cardona o Sant Cugat del Vallès, sino que los monumentos románicos más destacados son castillos de defensa, como los de Gelida, Subirats, Mediona, Castellví, Sant Martí o Castellet: los dos últimos han estado restaurados, mientras que los dos primeros se están haciendo obras de consolidación. En el recinto de estos castillos hay las correspondientes iglesias, la mayoría de las cuales, en continuar haciendo su función religiosa cuando los castillos dejaron de ser estratégicos, han llegado hasta nuestros días. A Veces, hasta todo, de estos castillos encaramados a penas no queda nada, como los de Torrelles y Pontons, pero en cambio han perdurado las pequeñas iglesias de Foix i de Sant Joan, que han adquirido la categoría verdaguerina de ermitas al cielo suspendidas. En estos dos mismos municipios montañosos i en algún otro como Castellví, se conservan masias fortificadas de época románica.

Tal y como se ha insinuado, las iglesias románicas de núcleos poblacionales son en general de dimensiones modestas y muchas fueron reformadas posteriormente. La de Sant Jaume de Moja al municipio de Olérdola nos ha conservado intacta y tiene una gran pureza y armonía de líneas; también es remarcable la de Sant Pere Sacarrera, al la localidad de Mediona. De otras iglesias o ermitas desperdigadas contaríamos fácilmente una veintena y, por decir algunas, se podrías hablar de la pre-románica de Sant Benet de Espiells a Sant Sadurní, de Santa Margarida de Agullàdols a Mediona, Sant Joan Samora a Sant Llorenç de Hortons, i del Sepulcro de Olérdola, de planta circular y con pinturas murales de la época.

Hay aun así unas pocas iglesias románicas de más envergadura, y concretamente de tres. En primer lugar, Sant Martí Sarroca, sin duda, la perla románica del Penedés, con un absis considerado de los mejores de Cataluña; también es remarcable su situación. En segundo lugar, Sant Marçal de Terrasola, una iglesia románica con planta de cruz latina, de bellas proporciones y una exquisita sobriedad. Finalmente se tiene que comentar el antiguo priodado benedictino de Sant Sebastià dels Gorgs, del cual se conserva la iglesia, Parte de un diminuto claustro y un macizo campanario que es el más notable de estilo lombardo que hay al Penedés.
 

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